sábado, 18 de abril de 2015

El Dios escondido nos regala el milagro de la fe

EL DIOS ESCONDIDO NOS REGALA EL MILAGRO DE LA FE
Por Jacqueline Tineo

Si contase cada experiencia, cada acontecimiento, cada detalle de mi vida, un libro no bastaría. Más, tratando de hojear mi vida, me doy cuenta a mayor profundidad y conciencia, que verdaderamente soy un MILAGRO de Dios, y que éste, a diario, ha ido dirigiendo mis pasos, en mis aciertos de fe, pero también me mirado con tristeza en mis desaciertos de dudas y desobediencia.
Al escribir hoy, lo hago en plena conciencia, de que no he sido lo suficiente agradecida, coherente, y que muchas veces he actuado por impulsos, sin pensarlo, y posiblemente hiriendo los sentimientos de otros.

Es posible que el lector de esta sencilla reflexión, que estimo la hago desde la plena conciencia que existe un Dios real, que lo sabe todo, y que a diario nos regala la oportunidad de ser mejores personas, y creer que fuera de él, no hay nada, se sienta reflejando, o simplemente, haga caso omiso, sin terminar de leer. ( ... y comparto mi propio sorbo, porque sé, que son muchas las personas a quienes de una forma u otra, toco sus vidas).

Llegamos a éste mundo, con un PROPÓSITO, sin importar las circunstancias de tu procreación. Pero ha de pasar un largo tiempo, sucesos, para que nos demos cuenta de que hemos nacido con un diseño único. También es cierto, que en el trayecto del camino luchamos entre la luz y la oscuridad, que nos hemos encontrado al borde del camino, a punto de caer al abismo, y algo misterioso, a lo que le llamo simplemente, el DIOS ESCONDIDO, en cada persona, hace que retrocedamos al encuentro de lo desconocido, pero que en el fondo del alma, sabemos que existe "algo" que nos mueve e impulsa, a lo que le llamo esperanza, fe, en lo que no se ve, pero que siento, creo y espero.

Culpamos a nuestra propia humanidad y nos defendemos de nuestra propia falta de fe, y no asumimos con sencillez de corazón, que necesitamos una sobredosis de fe, para enfrentar las batallas de nuestra fe, que a diario se ve amenazada por nuestra arrogancia, prepotencia, vanidad, cobardía, debilidad. .. y tantas otras manifestaciones de inmadurez irracional, que nos desenfocan de los propósitos diseñados por Dios.

Hay un orden divino. Hoy soy más consciente. Y aún, dejándonos Dios, equivocarnos de camino, que bebamos el trago amargo de la desobediencia, ahí, cuando aparentemente todo está perdido, todo es muerte, él ha estado a nuestro lado, y nos hace ver nuestros errores, pero nos enseña y nos da nuevas oportunidades para volver a empezar, confiando ya no en nuestras fuerzas, sino confiando en el que todo lo hizo perfecto, en su tiempo, en Dios, muestro Salvador.

Nuestro escudo, es Dios, no el dinero, nuestro baluarte es Dios, nuestras pertenencias, nuestro único Señor y Salvador, es Dios, no nuestras posiciones y reconocimientos, Pues aquellos que se humillan ante la presencia de Dios, serán enaltecidos ante los hombres. De nada nos sirve tenerlo todo y perder el alma.

Las angustias, la desesperación, desolaciones y tristezas, cuando sentimos que el mundo se nos viene encima, todo lo vemos negro, porque nuestra fe está siendo amenazada, pero es ahí donde el Dios escondido aparece como un estruendo, sellando con poder un pacto de amor y salvación... entonces, recuperamos lo aparentemente perdido, nuestra fe, y ésta se fortalece por la experiencia del milagro de Dios en nuestras vidas.

Cada experiencia, evidentemente, nos hará crecer, pero en la medida que nuestra fe crece y se fortalece, nuestra dependencia absoluta en Dios, nos ayudará a irradiar la gloria de Dios en nuestras vidas, y en la vida de los demás. Así que todo sentimientos de maledicencia, quedan fuera de una vida que busca asemejarse ser hijo e hija de Dios.

Llegarán pruebas, porque como hijos e hijas, coherederos del reino de Dios, los demonios querrán confundirnos para apartarnos del amor de Dios. Y he aquí donde hemos de pedir la insistencia del Espíritu Santo, para saber actuar con sabiduría e inteligencia y así poder vencer las tinieblas a base de la fe.

Seremos siempre probados. Así que tomemos conciencia, estemos siempre alertas y con nuestras lámparas encendidas, para cuando llegue el tiempo de oscuridad, el tiempo de la cosecha estemos preparados para ser de los invitados del Rey.

Y no olvidemos que Dios nos ha dado poder, autoridad, y nos ha ungido con su amor para ser portadores de su gracia y amor, por medio de la fe.

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