sábado, 27 de octubre de 2012

De la sencillez de la Selva peruana, a una guerrera de la vida. Ella, es Elsa

Elsa Peñaherrera

Por Jacqueline Tineo

Con una sonrisa a flor de piel, aquella mujer diminuta, de ojos claros, y pelo negro azabache, nos recibió en aquel entonces,  en su restaurante de comida  selvática en la Av. Bolivar, Lima  Perú,  Elsa Peñaherrera Saldaña.

Un ambiente festivo, al estilo de la selva peruana, nos acogía aquel lugar. Escuchábamos la música típica de la selva y al ritmo de ella, recibimos unas clasecitas de baile, de la que salimos casi expertos, y para refrescar el ambiente ya acalorados, recibimos  una rica bebida típica preparada a base de frutas  silvestres únicas de la selva peruana. Maritza, joven consagrada y amiga, fue el enlace y la culpable de  que yo conociera  a Elsa y que hoy pueda decir, que gracias a ella, creo firmemente en la fidelidad y las amistades que no conocen fronteras, culturas, idiomas, porque donde quiera que haya un corazón, hay un espacio para cada ser.

Elsa, con su dulzura, y sus atenciones, poco a poco fue robándose nuestro cariño, la que nos dejó con ganas de volver a aquel lugar tan agradable, y desde luego, por las ricas comidas que ofrecían como el “Patarashca con Tacacho”  (pescado y mofongo), o el rico plato de Tacacho con cecina.
Patarashca


Tacacho
Desde el día que nos conocimos, a inicios del  2000, en Lima Perú, hasta la fecha de hoy, hemos cultivado con Elsa una de las amistades mas hermosas, y fieles, que jamás haya tenido.

Lo poco que he conocido de Elsa, es suficiente para poder describirla como una mujer amorosa, entregada, arriesgada, generosa, delicada,  y fiel.  Elsa, quien tiene varios hermanos más, es la única soltera, y que quizás por eso, sus hermanos le han dejado llevar  una carga, a veces ligera, y en ocasiones muy pesada: Atender a sus padres enfermos.  Gracias al diálogo familiar, y a la comprensión, Elsa puede tener más tiempo para ella, porque hay mayor colaboración entre sus hermanos.

Elsa, siempre ha sido una mujer luchadora, una mujer que desde la sencillez de la Selva, de su pueblo Tarapoto, San Martin,  supo levantarse y seguir tras sus sueños: Convertirse en una mujer empresaria.

Ha tenido varias empresas, como restaurantes, tanto en Lima como en la misma Selva y la que últimamente se ha dedicado, es ser  la propietaria  de Comercial Peñaherrera. En este negocio ella vende desde ropas, hasta agua. Elsa ha extendido su mercado en vista a las necesidades de la gente de su pueblo. Para abastecerse viaja constantemente a Lima, unos  1,445 Km, 22 horas en autobús. Como verán, todo un día de viaje, al que para ella es como ir “de aquí allí”.

Tacacho con cecina
El trabajo para Elsa, es sagrado. Cree que dignifica a las personas, y que para llegar a tener algo, hay que sacrificarse y trabajar duro. Por eso, es una guerrera de la vida. No le tiene miedo a los desafíos que la vida le pone. Los asume con gallardía, y emprende el camino, como experiencia que siempre le dejará una enseñanza.

Elsa, mujer soltera aún, sueña con encontrar a un hombre que la sepa amar, respetar y valorar, un hombre que le devuelva la confianza de volver a creer en el amor, y que quizás le ayude a sanar heridas causadas por el amor.

Siempre en búsqueda de Dios, de escucharse así misma, para poder comprender los misterios de la vida. Es una mujer que se sabe necesitada de Dios, porque reconoce que sólo el conoce el corazón de cada persona, y desde luego sólo Dios conoce los secretos de su corazón.

Gracias Elsa, por ser mujer de inspiración, superación, y fiel amiga. Gracias por marcar la diferencia y demostrar, que no hay fronteras, que ni hay tiempos ni espacios para expresar sentimientos tan hermosos, como el amor de una amistad genuina.

 Me siento orgullosa de tener amigas como tú,  fiel, genuina, que sabes  inspirar, que sabes sacar tiempo para una llamada telefónica.  Gracias Mujer de Luz, guerrera de la Vida.



Aferrados a la esperanza

 Por: Dominga valdez

La mañana aun iniciaba, aquella sala estaba atestada de sillas de ruedas, padres asueñados por madrugar, para poder alcanzar un turno, de los cientos de personas que acuden a las Clínicas de Distrofia Muscular, en el Hospital Auxilio Mutuo, de Hato Rey.

Sentada junto a mi hijo, en su sillón de impedidos, fijaba la mirada, en cada padre que llegaba con sus vástagos a sus citas, con sus fisiatras donde se ven tantas condiciones degenerativas, causadas por estas enfermedades que a cualquiera, que tenga hijos saludables, si visita ese lugar, se les arruga el alma.

Como madre es muy triste y duro estar en esa sala, observando cada rostro, es desgarrador, solo ver niños, empezando a vivir, con una de estas condiciones, jóvenes, graduados de las distintas universidades, teniendo que darles a su vida un giro de 350 grados, por no poder caminar, correr, hacer deportes, bailar, asunto que hacían anteriormente.

Muchas de estas condiciones, aparecieron en sus vidas de repentes, otras congénitas y algunas se manifiestan en la adultez, entre edades de 30 a 49, 60 años.
De todos los casos que vi llegar, uno en particular, logró llenar de lágrimas mis ojos, aquella pareja de jóvenes, con una niña hermosa en brazos, todos miraron extrañados, porque nadie va a esas clínicas, sino, en sillas de ruedas, pensé afligida, que quizás no tenían una adecuada para la condición de la menor.

La condición de la niña, se llama DUCHENNE, por sus siglas en inglés, (DMB) un tipo de distrofia, que ataca, entre los 2 y 6 años, siendo esta una de la más común, y donde progresivamente, provoca una atrofia general de los músculos y una fuerte debilidad, en la parte superior de las brazos, piernas y pelvis, llegando a vivir los pacientes no más de 20 años.

Pero estos padres, que dejaron las fiestas, los amigos, para no tirar la toalla y dedicarse de lleno al cuidado de esta pequeña, entendieron que la fe y la esperanza, los mantienen en pie de lucha.

Tenían ellos una mirada, diferente a otros padres allí presentes, transmitieron paz y sus ojos estaban alegres, enviando mensajes, de fortalezas a los presentes, hablando sin palabras, como queriendo decir “Se puede, si queremos”.

Aquella niña, acariciaba con ternura el rostro, de un padre feliz, balbuceando palabras, que el interpretaba, tirando por el suelo los pronósticos, de que los brazos, de ella no le levantaría jamás y lo estaba haciendo, porque el amor da vida.

Esos padres, comunicaron sin saberlo y todas las miradas, estaban puestas sobre ellos tres, miradas de lastimas y compasión, las cuales ellos ignoraron. Sus sonrisas abiertas las brindaban a todos esos desconocidos padres carentes de fe, mandaron una y otra vez tantos metas mensaje, que aman a su hija, por encima de todos los resultados positivos, sobre el avance de la condición.

Ellos asistieron a esas clínicas de terapias, en busca de palabras de aliento, de parte del doctor, fueron a enseñarnos que las realidades, hay que aceptarlas con valentía, porque saben el desenlace, de la condición de su hija, pero no se amilanan, ni sufren pensando, ¿cuando a su niña, le llegará la muerte?

Esos nóveles padres, nos dieron a todos esa mañana del jueves, una lección de vida, demostrando, con 4 horas de besos y abrazos, que las personas discapacitadas, sólo necesitan unos padres igual de especiales, como ellos, que les brinden, tolerancia, tiempo, amor y sobretodo su aceptación.