jueves, 20 de septiembre de 2012

“La vida es muy corta y hay que vivirla”



 Por Jacqueline Tineo

Mientras iba manejando por la carretera # 2, camino desde Quebradillas hacia Aguadilla y relajando mis 5 sentidos con música instrumental, se acerca, mientras estoy esperando el cambio de luz del semáforo, una motocicleta. En ella dos personas adultas que estimo por su físico que tienen más de 50 años.

Yo, admirada al verles sonreír, y ver en sus rostros la alegría de vivir, y la satisfacción de sentir el aire que acariciaba sus rostros y el disfrute de las  recién compradas quenepas (limoncillos), no pude quedarme callada sin pedirles permiso para tomarles una fotografía.   “Disculpe caballero, puedo tomarles una fotografía  para hacer un reportaje? y El, muy amable y con una sonrisa me responde: “claro que sí, la vida es muy corta y hay que vivirla”.

Mientras llegó el cambio de luz y yo perpleja pero con un corazón ensanchando de alegría, unas lagrimas rosaron mis mejillas, me hizo pensar, recordar en tantas personas, incluyéndome a mí misma, que no sabemos vivir la vida, no sabemos aprovechar esos momentos mágicos, únicos y quizás irrepetibles, dejando así la vida pasar, que nos pase por encima, y no nosotros por encima de ella, en el buen sentido de la palabra.

Seguí mi  camino y les miraba mientras conducían su motocicleta. Muchas preguntas me formulaba, y muchos recuerdos invadieron mi quietud. 

Qué lástima que no sabemos vivir, que pasamos la vida dándole vueltas a los problemas, a las contrariedades. Creo que si tomásemos los problemas, como una simple monga (gripe), nuestras vidas, la salud corporal y espiritual tendrían menos dolencia y sentiríamos más paz con nosotros mismos. Creo que si aprendiéramos a vivir sin tanta prisa, estrés y competencias, otra cosa seria.

Como seres humanos, creaturas de Dios, estamos llamados a ser felices, a vivir a plenitud y llenos de gratuidad por todo lo que la vida misma nos da, a no quejarnos tanto, sino a vivir con la certeza que cada acontecimiento tiene su razón de ser.

Aprendamos del viento que va y viene y no se ve.  Aprendamos del agua limpia, transparente por naturaleza, te puede matar pero es la mayor fuente de vida. Aprendamos de la tierra, es fértil en su esencia y su agradecimiento es saciar nuestra hambre.

Dejemos que una melodía acaricie el alma, dejemos que nuestros pies dancen en el silencio o acompañados de unos brazos cálidos y amorosos.  Aprendamos a mirar con los ojos del corazón, a sonreír aun en medio del dolor y el llanto. Aprendamos a escuchar el canto del ruiseñor, a sentir el olor de una flor, las caricias de los rayos del sol, de la nieve caer.

Acojamos en  nuestras vidas, el mensaje de este señor, que con su sonrisa, y aún sin conocerlo, me inspiró a escribir estas líneas, que hoy me invitan a vivir a mayor a plenitud, a seguir el curso del vuelo emprendido, a no tener miedo de vivir a plenitud, cada instante de mi vida.

1 comentario:

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