lunes, 24 de septiembre de 2012

El “Fogón” de los pobres



Foto: Jacqueline Tineo. El Fogón Dominicano
Por Jacqueline Tineo

Cada vez que escucho hablar de Reforma Fiscal, de todo aquello que toca directamente a los pobres, a los menos favorecidos de la vida, o mejor dicho de la sociedad, me acuerdo de mi fogón, aquel fogón que una vez me enseñó en los Calabazos de Jarabacoa, que sólo estando cerca de la llama, del fuego, sabes a plenitud la intensidad su calor y del sabor delicioso de los alimentos cuando estos son cocidos con amor y bajo la solidaridad de la gente.
Basta con una salpicada de cariño, de humildad y sencillez  para darnos cuenta de lo que nuestros pobres, económicamente hablando, sufren, muchas veces de hambre de pan,  hambre de educación, hambre de la salud y lo que más duele, hambre de esperanzas. Basta que los que “Reforman” saboreen el trago amargo de  la indiferencia, del olvido y del maltrato para regular sus reformas a favor de los más pobres. Pero basta con probar también el sabroso “sancocho”  o “mangú” que se puede hacer desde un fogón, que más que cocinar unos alimentos, se cocinan a su alrededor, las esperanzas,  los sueños, las alegrías, la solidaridad y la compasión.
Si tan sólo, nuestros gobernantes  se colocaran las botas de nuestros agricultores, y sudaran al compás de los bueyes que aran la tierra!, el sabor  de los alimentos, el sabor de las decisiones con el Fondo Monetario Internacional, o con cualquier entidad extranjera o nacional, segura estoy, que se sentarían alrededor de un Fogón “prendío” y desde un razonable discernimiento les haría ver los rostros olvidados, los rostros hambrientos, los rostros desilusionados y buscarían estrategias favorables para los pobres donde puedan ellos vislumbrar un mejor futuro.
Qué esperamos para sentarnos como hermanos  y ser solidarios desde el calor del Fogón, que nos permite contemplar sus colores ardientes, esperanzados de consumir aquello que aflige, aquello que mata? Qué esperamos para dejar de hablar e ir a la acción, donde nuestra sociedad, nuestra gente sea verdaderamente la protagonista de una nueva Era, de una nueva historia?
Muchos pensarán que esto es una utopía, pero saben qué?, Se equivocan. Somos muchos los y las que pensamos que cuando nos “sentamos alrededor de un fogón encendío”, juntos encontraremos que echarle a la “paila”, al caldero, para que nunca esté vacío.  
Si usted nunca ha  estado alrededor de un Fogón, si usted no ha tenido el privilegio de comer  y compartir desde un fogón, entonces, y perdonen ustedes, les falta mayor sensibilidad, y les falta saborear el verdadero sabor natural de los alimentos y de la vida misma.
El fogón dominicano es el fogón de los pobres, donde se alimenta no sólo el estómago, sino la esperanza de nuestra gente.
Hagamos de nuestras vidas fogones encendidos  y hagamos que esos calderos, nunca estén vacíos!
 

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